Una visión general de las autolesiones

El daño corporal autoinfligido, no suicida, es lo suficientemente grave como para causar daños en la piel  o provocar heridas que permanecen durante varias horas.

¿Qué tipo de autolesiones hay?

La forma más común de autolesión es cortarse, no obstante, también son frecuentes las quemaduras, los golpes en la cabeza y los arañazos. Otros tipos de autolesiones son morder, arrancar la piel, tirar del pelo, golpear el cuerpo con objetos o golpear objetos con el cuerpo.

 ¿Cuáles son los signos y síntomas de las autolesiones?

Las autolesiones no siempre son fáciles de detectar porque a menudo los afectados intentan ocultarlas. Algunos signos de que una persona puede estar autolesionándose son:

  • Cicatrices que aparecen en un patrón, a veces restringidas a una zona del cuerpo
  • Tener a mano objetos afilados, como cuchillos, agujas u hojas de afeitar
  • Cicatrices, arañazos, mordeduras o moratones recientes
  • Frotarse repetidamente una zona del cuerpo
  • Llevar mangas y pantalones largos incluso cuando hace mucho calor
  • Falta de autoestima
  • Palabras negativas acerca de sí mismo, declaraciones de desesperanza
  • Sensación de desprecio
  • Conducta imprudente e impulsiva
  • Inventar excusas para explicar las lesiones visibles

Indicios de alarma de las autolesiones

Las personas que sufrís autolesiones sois muy hábiles a la hora de ocultar las cicatrices o de darles una explicación.

Hay que buscar signos como la preferencia por llevar ropa que oculte las cicatrices en todo momento, como por ejemplo mangas largas cuando hace calor. La negativa a ir a lugares en los que la ropa es más visible, o las quejas inusualmente frecuentes de lesiones accidentales.

Los métodos de autolesión incluyen:

  • Cortes
  • Quemar
  • Rascarse
  • Autoagresión
  • Pellizcos
  • Golpes en la cabeza
  • Perforación de la piel con agujas u objetos afilados
  • Halar el pelo
  • Introducción de objetos bajo la piel

A veces muchos de vosotros sólo os autolesionáis de una forma, pero no es raro que utilicéis varios métodos. Los brazos son una de las zonas en las que más frecuentemente os autolesionáis, pero otras zonas del cuerpo, como las piernas y el torso, también son objetivos comunes.

Causas

Las autolesiones son una condición compleja que no tiene una explicación sencilla. Aunque los sentimientos suicidas pueden acompañar a las autolesiones, no son necesariamente indicativos de un intento de suicidio.

La mayoría de las veces las autolesiones son simplemente un mecanismo para hacer frente a la angustia emocional.

Las personas que elegís esta salida emocional podéis utilizarla para expresar vuestros sentimientos, lidiar con la sensación de irrealidad o entumecimiento, detener los flashbacks, castigaros a vosotros mismos o aliviar la tensión.

Las autolesiones no están reconocidas como una enfermedad mental, pero el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-5) incluye las autolesiones no suicidas como una condición propuesta bajo la categoría de condiciones que necesitan más estudio.

Las autolesiones también están asociadas a ciertas patologías como:

  • Depresión
  • Trastorno bipolar
  • TOC
  • Trastorno límite de la personalidad
  • TEPT
  • Trastornos de la alimentación
  • Trastornos de ansiedad
  • Consumo de alcohol y sustancias

Elementos de riesgo

Los principales criterios de riesgo para las autolesiones son los siguientes:

    El sexo: Las mujeres os autolesionáis con mayor frecuencia que los hombres.

    Edad: Los adolescentes y los adultos jóvenes sois más propensos a autolesionarse.

    Trastornos mentales: Tener otra enfermedad mental puede aumentar el riesgo de autolesión.

    Traumatismos: El estrés y los traumas pasados durante la infancia pueden aumentar el riesgo de comportamientos autolesivos.

   Consumo de drogas y alcohol: Cortaduras, quemaduras y otras formas de autolesión pueden ocurrir cuando estáis bajo la influencia de una sustancia.

Las autolesiones indican una falta de habilidades de afrontamiento para lidiar con la angustia emocional severa. Las personas que os autolesionáis podéis tener dificultades para entender y gestionar vuestras emociones. También es posible que no tengáis las habilidades necesarias para afrontar el estrés y los traumas de forma saludable.

Aunque se reconoce que las autolesiones, como los cortes, son un problema común entre la población adolescente, no están limitadas a los adolescentes. Cualquiera de vosotros podéis acudir a la autolesión, sin importar el sexo, el grupo socioeconómico, la edad, entre otros.

Aunque el suicidio no es la intención de las autolesiones, las autolesiones tienen una fuerte asociación con los intentos de suicidio. En un estudio de adolescentes, el 46% de los que se habían autolesionado de forma no suicida pasaron a intentar suicidarse antes de los 21 años.

Diagnóstico

La autolesión no es un trastorno reconocido, pero es un signo de que una persona necesita ayuda para afrontarlo. El profesional empezará por evaluar si tienes o no tendencia al suicidio y por tratar las lesiones físicas presentes.

Luego de esto, un médico o terapeuta evaluará vuestros antecedentes de salud, incluyendo:

  • Las emociones asociadas a los comportamientos
  • Cuánto tiempo ha durado la autolesión
  • La gravedad y los tipos de lesiones que hayáis sufrido

El siguiente paso es determinar si tenéis una condición psiquiátrica coexistente y evaluar si estáis en riesgo de suicidio. Una vez realizadas estas evaluaciones, el profesional puede hacer recomendaciones para el tratamiento.

Tratamientos

Además de tratar cualquier afección psiquiátrica coexistente, la terapia cognitivo-conductual (TCC) es un tratamiento eficaz para las autolesiones no suicidas. Este tipo de terapia aborda los patrones de pensamiento negativos subyacentes, así como los propios comportamientos perjudiciales.

Otro aspecto importante del tratamiento es el aprendizaje de mejores mecanismos de afrontamiento para sustituir las conductas autolesivas. Una vez que estéis estables, debéis realizar un trabajo terapéutico para ayudar a afrontar los problemas subyacentes que causan angustia.

Algunos expertos afirman que la hospitalización o la interrupción forzada de la autolesión no es un tratamiento útil. Es posible que sirva para que el médico y los amigos y familiares implicados os sintáis más cómodos, pero no ayuda en nada a los problemas subyacentes.

Además, si no soléis ser psicóticos ni activamente suicidas os beneficiaréis más de trabajar con un médico que sea compasivo con las razones por las que os estáis autolesionando. El deseo de cooperar y recuperaros es un factor importante para la recuperación.

 

¿Cómo gestionar la autolesión?

Si una persona que conoces sufre cortes o alguna otra forma de autolesión, hay cosas que puedes hacer para ofrecerle apoyo y ayuda.

    Ofrece apoyo sin juzgar. Las personas que sufren autolesiones tienden a ser autocríticas y a luchar con sentimientos de inutilidad. Demuestra que te importa y te preocupa y anima a la persona a acudir a sus padres, a un consejero o a un médico. Puede que no entiendas el comportamiento, pero es importante no desestimar los sentimientos de la persona.

    No amenaces. Si es un niño o un adolescente el que sufre autolesiones, evita hacer acusaciones o amenazas. Habla con el pediatra de tu hijo o con un profesional de la salud mental sobre los pasos a seguir.

    Motiva la búsqueda de ayuda. Ofrece ayuda para encontrar un médico o un profesional de la salud mental.

Además del riesgo de lesiones accidentales que pongan en peligro tu vida, las conductas de autolesión, como cortarse, también presentan un riesgo de cicatrización e infección.

Si estás practicando una autolesión, por pequeña o poco frecuente que sea, debes hablar con un profesional, un médico o un terapeuta. Este tipo de acciones son un signo de un problema mayor que debe ser abordado, por lo que cuanto antes consigas ayuda, mejor será el resultado.

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Es importante tener en cuenta que podemos sentir síntomas similares a los de una Depresión sin llegar a ser diagnosticados de ella. En cualquier caso, es un motivo suficientemente importante como para pedir ayuda y empezar una terapia.

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