20 – La culpa

Jota: Muy buenos días a todos, otro día más aquí estamos para tratar estos temas fascinantes sobre la salud mental y hoy estamos de nuevo con Paula Massa, que es Psicóloga experta en Terapia Online, con casi 20 años de experiencia haciendo terapia y más de seis años haciendo terapia online. Además, es supervisora de casos y apoyo del equipo de Psicología Online Avanzada. Muy buenos días, Paula.

Paula: Hola. Buenos días, Jota. ¿Cómo estás?

Jota: Pues muy bien, muy bien aquí muy contento de estar otra vez aquí contigo y deseando charlar un ratito sobre la culpa hoy, vamos a hablar sobre la culpa.

Paula: Vamos a hablar sobre la culpa. ¡Qué emoción tan compleja!

Jota: Sí, sí. Ahora parece algo así que dices, bueno, la culpa. Y puede parecer algo sin importancia, pero me parece que seguramente nos descubres ahora un montón de particularidades que tiene este sentimiento.

Paula: Hummm. Sí. Bueno, como te decía, parte de una emoción muy compleja, la de la culpa, que como toda emoción tiene su finalidad, tiene su función adaptativa, pero que al convertirlo en sentimiento se puede volver muy en nuestra contra. Así que es algo que hay que trabajar con ello y suele ser uno de los objetivos fundamentales a trabajar con nuestra inteligencia emocional.

¿Qué es la culpa?

Jota: Pues si quieres, porque no empiezas, aunque todos tengamos una idea en la cabeza, por qué no nos dices de todas formas qué es la culpa.

Paula: Vale, a mí no me gusta hablar de emociones negativas y positivas, porque cuando decimos emociones negativas pareciera que no nos las pudiéramos permitir. Y sin embargo, lo que sí que debemos de tener en cuenta es que toda emoción tiene su función, tiene su finalidad adaptativa como decía antes. Entonces la culpa también, también es una emoción, es una emoción desagradable, es lógico, todos sabemos que sentir culpa no es nada agradable, pero en principio tiene la finalidad de la redención. Se basa en hacer un ejercicio de autocrítica y como tal, en principio podría ser bastante constructiva, de acuerdo? La culpa surge como consecuencia de la transgresión de nuestros propios valores éticos, morales, personales, sociales. Como consecuencia de haber agredido o transgredido esos valores puede surgir la culpa. Lo que ocurre es que, como te decía antes, si se convierte en sentimiento, al final es un sentimiento que puede llegar a cronificarse y bloquea muchísimo. Puede hacernos muchísimo daño, por eso es muy importante trabajarlo. Desde mi punto de vista, dentro de que todas las emociones tienen su finalidad adaptativa. La culpa quizás sea una a la que más, de las que más atención debamos de prestar, porque puede llegar a ser bastante dañina si se pasa de rosca, si llegamos a sentirla de manera desproporcionada.

¿Para qué sirve la culpa?

Jota: Vale, vale. Bueno, pues como esto es una función adaptativa, nos puedes especificar un poquito para qué sirve? ¿Cuál es esa función para la que tenemos esa culpa?

Paula: Fíjate que se dice que incluso hay una predisposición fisiológica a la culpa. Es decir, que, como decíamos, de todas las emociones que tienen su finalidad adaptativa, la culpa también tiene la suya. Y tiene que ver mucho con nuestros orígenes, con nuestra evolución, con el cómo hemos evolucionado el ser humano a lo largo de los años, a nivel de especie. Y esa predisposición fisiológica en principio se relaciona con el refuerzo, con el mantenimiento de la culpa por medio de la compensación o la recompensa que recibimos a nivel social. Es decir, si sentimos culpa por algo, de alguna manera a nivel social estamos reflejando que tenemos una ética, que tenemos unos valores, que tenemos una moral y que por tanto somos dignos de ser apreciados por el resto. Fíjate que enrevesado, pero al final es algo que como te decía, a nivel social acaba siendo muy muy adaptativo y a nivel de evolución a lo largo del desarrollo de nuestra especie.

Jota: Yo no sé si hablando así, tan de forma tan genérica y tan técnica, la gente se puede estar perdiendo y deberíamos llevarlo un poquito más a un lenguaje más sencillo. Y a lo mejor quizás poniendo ejemplos, lo podamos entender de una manera más clara todos. Y que nadie se pierda ni se vaya a otro sitio diciendo que se siente culpable por no entender lo que estamos contando.

Paula: Estaría bueno, no es lo que pretendemos ni mucho menos.

¿Cuáles son los distintos tipos de culpa?

Jota: Bueno, a mí me queda que esto es un sentimiento adaptativo, que es bueno sentirlo aunque sea algo negativo, la sensación sea negativa. Pero me imagino, y a mí se me ocurren ahora muchos ejemplos, que hay muchos tipos de culpa, no? Porque no es lo mismo, no sé, una: “Uy, no tenemos pan para comer porque se me ha olvidado. Soy el culpable y me siento culpable porque no tenemos pan para comer”, que el haber provocado algo gordo, no? Yo que sé, un accidente o algo algo serio y que te sientas culpable por algo, entonces cuéntanos, no sé si son tipos o grados. ¿Hay algo así?

Paula: Bueno, hay una clasificación sobre la culpa en la cual encontramos tres tipos de culpa. Está la culpa empática, vale? Que es esa que sentimos pues por medio de la empatía, de ponernos en el lugar de los otros, al ver el sufrimiento de otros podemos llegar a sentirnos culpables. Luego encontramos una culpa que es más racional. Es una culpa que tiene que ver con la transgresión de nuestros propios valores, con agredir nuestra propia moral, como cuando nos comportamos de una forma desacorde a como creemos que debemos comportarnos, vale? Y luego está la culpa más irracional que es la culpa neurótica, la podemos llamar de esta manera. Y es esa culpa cronificada que como consecuencia, quizás a veces también de una educación y de unas ideas inculcadas, pudiéramos llegar a vivir de una manera desproporcionada la culpa, a generalizarla y acabar sintiéndonos culpables absolutamente por todo. Esta es la culpa patológica que de ahí me surge otra clasificación entonces, está la culpa que a nivel emocional es adaptativa y nos permite hacer autocrítica y nos permite construir dentro de nosotros mismos gracias a nuestros propios errores, al reconocer nuestros propios errores. Y luego está la racional, la irracional, perdón, la neurótica que es esta que se generaliza a todo y que puede llegar a ser incluso crónica.

Jota: Paula, me imagino que habrá mucha gente que se ha perdido con todo esto que has contado, me parece demasiado técnico. Si quieres intentamos llevar un poquito a la Tierra todo esto que nos has contado y nos has contado que hay tres tipos. Has empezado hablando del empático, que es un poco bueno, pues eso, ponerte en el lugar de los demás. Entiendo que por poner un ejemplo, puede ser que cuando ves a alguien que está pasándolo mal, que está sufriendo, que está pasando hambre cuando tú no la pasas, te sientas culpable, no? Del hambre de otro, por ejemplo. Luego nos has comentado otro tipo de culpa, no recuerdo ahora como la has llamado, la transgresora o…

Paula: Sí, la que transgrede a nuestros propios valores.

Jota: Que podría ser, quizá, a mí se me ha ocurrido mientras lo estabas contando. No sé si será el mejor ejemplo, pero cuando, por ejemplo un político acepta un soborno por bueno, pues para que ocurra algo y puede que esté rompiendo su ideal al hacer esto.

Paula: Por ejemplo. Muy bien.

Jota: Y luego hay el tercero que es más, me has comentado que es la irracional que se puede cronificar. Pero no sé donde encajar la culpa de las cosas que nos pasan más en el día a día, que a todos nos puede pasar de repente pues que estas, te des un golpe con alguien, en que se te olvide, este tipo de cosas del día a día que ocurren pequeñas cosas en las que tú tienes parte de culpa, puede ser intencionada o no, pero son pequeñas cosas. ¿Dónde pondríamos estas culpas? ¿Dónde las ubicamos?

Paula: Bueno, cada una de estas culpas cotidianas también podrían ser incluidas en cada uno de estos grupos en la culpa empática, en la culpa transgresora o en la culpa neurótica. La culpa neurótica sería la culpa más irracional la que yo me siento culpable por absolutamente nada que haya hecho. Vaya, que me podría estar sintiendo culpable por la guerra. Podría ser también parte de culpa neurótica, perdón empática, porque me podría sentir culpable pues por todos aquellos ucranianos, por ejemplo, que han tenido que salir de su país, que están pasando hambre, que están pasando vicisitudes y sin embargo yo estoy aquí tan a gusto, no? En esta situación tan privilegiada, podría ser parte de la culpa empática, pero también llegaría a ser irracional si al final incluso yo me siento culpable de formar parte de este sistema y al final por esto se generan las guerras en nuestro mundo, igual que las guerras podríamos estar hablando del cambio climático, o podríamos hablar de tantas cosas en las que todos tenemos nuestro granito de responsabilidad, pero no tendría ningún sentido que nos sintiéramos culpables. Es que esa es la clave. Al final, la culpa, como la trabajaremos, será transformándola en responsabilidad. Te acuerdas cuando hablábamos en resiliencia de preguntarnos el por qué al para qué? Pues ahí está exactamente un paralelismo, en la culpa es como si estuviéramos en el porque nos quedamos en lo de atrás, en lo que hemos hecho, en lo que ha pasado. Y la responsabilidad ya va más hacia el presente o hacia el futuro. Es como más el para que ,vale? Yo siento una culpa, pero de ahí construyo y ahí asumo mi responsabilidad. Si nos podemos sentir culpables por muchas cosas, pero yo insistí al principio y sí que es verdad que suena muy técnico, pero es que también es importante saber un poco cual es el mecanismo bajo el que funcionamos a nivel afectivo. Y es que en primer lugar, ante determinadas circunstancias y pueden ser circunstancias grandes, más a nivel global, y pongo ejemplos exagerados como por ejemplo el de la guerra, y pueden ser circunstancias más cotidianas, como por ejemplo la que se me ha olvidado comprar el pan que decías tu, no? Ante estas situaciones, ante estas circunstancias surge una emoción y puede ser la emoción de culpa, y ahí es donde caben todo tipo de emociones, como decía antes, por eso no decir que son positivas o negativas, sino agradables o desagradables por cómo nos hacen sentir. Pero dependiendo de cómo yo interprete esa emoción se va a convertir en un sentimiento. Y si yo al sentir esa emoción de culpa me machaco, me auto castigo, me exijo y no me dejo avanzar. Es cuando voy a hacer que ese sentimiento de culpa sea desproporcionado, irracional y como te decía antes, llegué incluso a cronificarse y a generalizarse en todo.

Jota: Sí, me imagino que es complicado no sentir culpa a veces cuando hacemos ciertos actos.

Paula: Claro.

Jota: Mira, se me ocurre una cosa, una noticia que ha salido justamente esta semana en las noticias y es un niño de nueve años que mientras su padre dormía la siesta entraba en un coche que se habían comprado nuevo y jugando el niño, bueno, pues tenía mucha ilusión por estar en el coche que se habían comprado y por accidente se queda encerrado dentro del coche, sin poder salir, sin ningún teléfono, sin ninguna forma de comunicarse. Y bueno, parece ser que había temperaturas altas y el niño ha muerto. Claro. El padre lo ha descubierto cuando se ha despertado. Ha encontrado a su hijo en el coche fallecido. Y imaginó la culpa que puede sentir ese padre, que realmente el no ha hecho nada, es un niño de nueve años que puedes dejar perfectamente sin vigilancia porque ya es lo suficientemente mayor, no es un niño, un bebé de dos tres años que tengas que estar atento las 24 horas. Pero en este caso, cómo puede ese padre evitar no sentirse culpable ante un acto que realmente él no ha tenido culpa?

Paula: Ya. Trabajar con la culpa en un caso así sería parte del duelo. En el duelo hay una serie de sentimientos y emociones que han de ser trabajadas y han de ser expresadas. Entonces esta, la culpa, sería la verdad es que uno de los sentimientos más protagonistas en el duelo de esta persona. Habría que darle una grandísima importancia. Y trabajamos la culpa, por ejemplo, con aspectos como es la intención, el rebobinar, irnos al hecho en cuestión y preguntar, preguntarnos a nosotros mismos cuál es la intención por la que actuamos de esa manera que hemos actuado y que al final nos ha hecho sentirnos culpables. En este caso, una actuación pasiva por parte del padre, no? El haberse quedado dormido, el no haber estado pendiente de su hijo. Cuál era su intención? Pues en un principio no era la de hacerle daño, probablemente era la del descansar si estaba cansado, el proporcionarse unos minutos para luego poder dedicar quizás la tarde a su hijo de juegos y de atención. Pero ha sucedido esta tragedia, ha sucedido esta desgracia. Entonces tendríamos que trabajar un poquito esa parte, la parte de la intención, tendríamos que trabajar también, bueno, algo muy importante y es el perdón, el auto perdón, vale, el perdón es algo que trabajamos muchísimo en terapia, en muchísimas circunstancias, y en el caso de la culpa trabajamos especialmente el auto perdón, se trabaja de la misma manera que trabajamos el perdón hacia otras personas y, por ejemplo, una estrategia muy fácil y accesible para trabajar el perdón es mediante las conductas positivas. Si queremos perdonar a alguien es bueno que tengamos conductas positivas hacia esa persona. Así recibimos también como respuesta otras conductas positivas por parte de la otra persona y vamos mejorando nuestra relación de tal forma que el perdón se va atenuando, va desapareciendo. Obviamente es un proceso. Bien, pues esto mismo lo podemos hacer hacia nosotros mismos y se trata con el auto cuidado, con la auto protección, con el no ser exigente, con el medir mucho como ese padre se está hablando a sí mismo en estos momentos, sería esencial una terapia porque necesita escucharse, porque necesita verbalizar todos esos pensamientos que están pasando por su cabeza. Si esos pensamientos no se sacan fuera, no se escucha y no trata de racionalizarlos, pueden llegar a enquistarse y generar efectivamente mucho daño, de tal forma que podría sentirse culpable toda su vida como consecuencia de esta tragedia.

Jota: Luego estoy pensando. No hace falta que sea este mismo ejemplo, que a lo mejor es muy extremo.

Paula: Si, muy dramático Jota. Que pena.

Jota: Si. Pero se me ocurre que puede haber una tercera persona y en este caso también podría existir, pero pongamos en el ejemplo del pan, es verdad, ha sido culpa mía, me puedo sentir culpable, pero también me pueden hacer sentir culpable que sea mi pareja o quien sea, quien te diga: no tienes pan. O incluso en este caso, que tu ya estés sufriendo el duelo y la pérdida de tu propio hijo, pero que sea tu pareja o alguien que te diga eres tú el culpable que tenías que haber estado atento…

Paula: Que además te lo reproche, claro.

¿Cómo podemos trabajar la culpa cuando alguien nos quiere hacer sentir culpables?

Jota: ¿Cómo se puede luchar contra eso? ¿Cómo la misma persona que ya se está sintiendo culpable por esa acción, cómo puede evitar que encima le venga este daño extra que le están ocasionando?

Paula: Habría que trabajarlo por medio de la asertividad, del establecimiento de límites. Lógicamente, habiendo trabajado previamente esto que te decía antes, lo del perdón, el auto perdón, porque si no se ha perdonado a sí mismo, es imposible pedir a los demás que le perdonen, con lo que, por tanto, no sería capaz de establecer esos límites y poder explicar o justificar, no sé si es la palabra, su postura. A partir de la cual hacer entender que lo que toca ahora es no tanto machacarse con la culpabilidad, sino asumir una responsabilidad y crecer con esto. Es algo muy complicado, es un proceso muy complicado. Yo no digo que no, pero esa sería la idea, no? Y por dibujarlo así de una forma sencilla sería un poquito la línea de trabajo.

Jota: Y sin entrar en este caso tan extremo como decíamos en una cosas más del día a día que puedes estar, pues se te ha olvidado un detalle lo que decíamos del pan o no has hecho alguna tarea doméstica y que te estén y que tu puedas sentir ya quizá algo de culpa, pero que te lo estén reprochando la otra parte te esté echando la culpa para que tú lo sientas. ¿Qué se puede hacer contra eso? Si se debe hacer algo o no.

Paula: Si es que esto que me dices es muy importante, fíjate. Y es una de las características también muy importantes de la culpa que surgen como consecuencia. Las personas que tienden a la culpabilidad son personas que finalmente acaban sufriendo de una dependencia emocional. Y fíjate que en principio parecería que no tendría ningún sentido. Y la razón por la que esto surge es precisamente por esto que me estás diciendo, porque al sentirnos culpables ya nos mostramos vulnerables ante los otros, lo cual puede llevar a que generemos una respuesta en el que tenemos al lado, de eso, de machaque, de reproche y de constante juicio y crítica hacia la persona vulnerable. Esta persona vulnerable al final acabará sintiéndose dependiente de aquella que le está machacando. Es importante trabajar mucho la autoestima, la confianza y la seguridad en uno mismo para que esto no suceda, para que esta culpabilidad no llegue a generar esa vulnerabilidad y al final, la consecuencia de la dependencia emocional. Como te decía, son casos en los que al final esa culpa ya se ha cronificado, o sea ya es una culpa irracional y es esa culpa generalizada que se acaba manifestando prácticamente en todo lo que hacemos y tiene mucho que ver, pues también con otros rasgos de nuestra personalidad. Esa tendencia.

¿Cuando nos sentimos culpables, es mejor hablarlo o callar y trabajarlo uno mismo?

Jota: Saliendo un poco de estos ejemplos que nos hemos puesto, el que una persona en su día a día se sienta culpable por ciertas cosas, es importante, sin que sea de este tipo que estábamos hablando ya enquistado y que sea por cosas que a uno le van pasando. Está bien que lo exteriorice y lo explique y se lo diga a la gente que tiene a su alrededor o es mejor callarlo y trabajarlo a uno mismo? ¿Qué sería mejor?

Paula: Yo soy partidaria de expresar siempre nuestras emociones como tienen una finalidad adaptativa, puesen parte de esta adaptación está esa socialización, no? Está esa adaptación al ambiente, esta ese adaptarnos a nivel de especie como animales gregarios que somos. Entonces la expresión de las emociones precisamente lo que nos permite es facilitarnos la relación con los demás, que seamos comprendidos por los otros y que esta finalidad adaptativa se pueda cumplir de una manera más fácil. Sí, soy partidaria de expresar las emociones. Claro que sí.

Jota: Muy bien. Pues oye, a mí me parece que me has aclarado muchas cosas que no tenía en mente. Y no sé si hay alguna cosita más que sea necesario que nos cuentes de la culpa o con esto ya habríamos dado un buen repaso para que la gente entienda para qué sirve y qué es exactamente.

¿Por qué es importante trabajar la culpa?

Paula: Bueno, es que es una emoción muy compleja que nos podría llevar horas hablar de ella. De hecho, es verdad que a mí al principio me sale hablarlo así, de esta forma tan técnica y luego con ejemplos, parece que lo vemos un poquito más claro, un poquito más sencillo. Yo, como conclusiones del podcast de hoy, un poco por resumir lo que hemos hablado, diría que bueno, que la culpa, como toda emoción, es necesaria sentirla, vale? Pero que hay que ponerle una especial atención, mucho cuidado, no vaya a ser que nos pasemos de rosca, que su intensidad sea desproporcionada y al final se convierta en un sentimiento muy negativo que pueda llegar a bloquear y que haga mucho daño. Que la culpa puede traer como consecuencia una baja autoestima, una dependencia emocional y puede acabar derivando en estados de ansiedad y depresión incluso, de acuerdo? Entonces por eso es tan importante trabajarla y que existen unas características de nuestra personalidad que a lo mejor si las trabajamos también nos ayudarían como una prevención de la culpa. Estas características de la personalidad son, por ejemplo, la personalidad, los rasgos obsesivos, las rumiaciones, el dar muchas vueltas a las cosas, a aquello que hacemos, es la personalidad perfeccionista, ese rasgo perfeccionista. Cuando somos eso, controladores y buscamos la perfección, también es bastante fácil que nos sintamos culpables. También puede ser consecuencia, como decía antes, de una baja autoestima, pero también es causa la baja autoestima, la inseguridad, la poca confianza en nosotros mismos, el no permitirnos los errores y no ser conscientes de nuestras limitaciones. Porque de lo que no cabe ninguna duda Jota es que todos cometemos errores y que en la mayoría de las ocasiones los errores que cometemos por supuesto que son inintencionados. Entonces, una manera de trabajar muy práctica la culpa es con la intención. Cuando yo me sienta culpable por algo que he hecho, lo primero que me voy a preguntar es con qué intención he hecho eso. Y a partir de ahí, si la intención no ha sido mala, si la intención es lícita y no transgrede mis valores, empezaré a trabajarme el perdón. Cómo puedo trabajarme el perdón? Pues cuidándome, mimándome, dándome caprichos, justo haciendo todo lo contrario de lo que en un principio haría con la culpa, que sería machacarme, exigirme, castigarme. Serviría esto como conclusión, verdad?

Jota: Me parece que has puesto la guinda al pastel. Y aunque pudiéramos estar hablando ahora sobre la culpa, yo creo que podemos terminar aquí. Y en todo caso, podríamos continuar extendiendo, profundizando en alguna de estas partes en el futuro, si así lo crees oportuno. Y nada, simplemente agradecerte que hayas estado aquí otra vez y recordar a todo el mundo que si quiere hacernos alguna sugerencia o aportar algo, nos puede escribir a podcasts@psicologiaavanzada.es, y ahí atenderemos todos los emails que nos mandéis. Y nada, Paula, agradecerte de nuevo que hayas estado aquí y deseando volver a quedar contigo para seguir hablando.

Paula: Yo estoy encantadísima como siempre Jota.

Jota: Pues un placer. Muy buena semana a todos.

Paula: Un saludo.