¿Por qué me siento culpable sin razón?

Nadie nace sintiéndose culpable.

¿Tienes la sensación de que siempre has hecho algo malo, pero es difícil definir lo que es? O tal vez cuando algo sale mal, eres el primero en asumir la culpa…

No importa lo que hagas o lo mucho que intentes ayudar a la gente, no puedes deshacerte de la sensación de que nunca haces lo “suficiente”. Te sientes menos que otros, no te valoras y no estás seguro de por qué.

Si te encuentras sintiéndote culpable la mayor parte del tiempo, podrías relacionarte con algunos de los siguientes pensamientos:

  • “Si no pongo a los demás primero, soy una persona egoísta”
  • “Es mi responsabilidad asegurarme de que la gente sea feliz”
  • “No soy tan “bueno” como otras personas”
  • “Anteponer las necesidades de los demás a las mías es siempre lo correcto”.

¿Por qué me siento tan culpable sin razón? 

Empecemos diciendo que nadie nace con este tipo de pensamientos. La culpa no llega de la nada. Si te sientes culpable sin razón, normalmente se trata de algo que viene de tu pasado.

Todos tenemos un “crítico interno”, pero algunos tenemos uno mucho más fuerte y duro que otros. El sonido de la crítica interna (y las historias que cuenta) tiene mucho que ver con el tipo de mensajes que recibiste mientras crecías.

Veamos un par de ejemplos de cómo puede funcionar esto.

Alguien que creció en un hogar impulsado por el éxito es probable que tenga un crítico interno que le presiona, uno que le diga que trabaje más duro “o si no”.

Así como alguien que creció en un hogar cruel o negligente es probable que tenga uno más castigador, diciéndole que es “inútil” o que “nunca lo logrará”.

Inicialmente, la crítica interna se desarrolla como una forma de protegernos. Como niños, somos vulnerables, necesitamos la protección y el cuidado de los adultos para sobrevivir. Nuestra crítica interior tiene un propósito muy importante. Se forma para ayudar a mantenernos “bajo control”, para comportarse de tal manera que encajemos, y para salvarnos del ridículo o la vergüenza. De esta manera, nos ayuda a sobrevivir, asegurando que mantengamos la conexión que tan desesperadamente necesitamos.

El problema es que con el tiempo estas “voces” se integran en nuestra personalidad. Literalmente se convierten en nosotros. Y aunque podrían habernos ayudado mientras crecíamos, nos impiden alcanzar nuestro potencial en la vida adulta.

Si la culpa es una emoción familiar para ti, estos sistemas de creencias sobre ti mismo y lo que deberías hacer probablemente se te transmitieron. Esto puede haber sido de una manera directa (se dijo en términos claros y sencillos) o indirecta (se implicó a través de acciones).

Muy a menudo, se desarrolla un diálogo interno de culpabilidad en las personas que tuvieron alguna responsabilidad cuando eran niños, ya sea física o emocionalmente. Un ejemplo podría ser tener que cuidar de un padre o madre crónicamente enfermo o deprimido. En estos casos, el niño termina sintiéndose responsable de proteger y cuidar a su padre.

Podría haber tenido la sensación de que no importaba lo que hiciera, nunca era suficiente. O tal vez la culpa se produjo a través de mensajes sutiles (“No sé qué haría sin ti”, “No te preocupes por mí, estaré bien”).

Fuera lo que fuera, se te inculcó la creencia de que era tu responsabilidad cuidar de la gente. Encuentras tu valor en complacer y servir a los demás.

El problema es que no puedes complacer a todos, y al intentarlo, pierdes de vista tus propias necesidades. De hecho, puede que incluso te cueste reconocer que tienes necesidades.

Debido a esto, puedes encontrarte atormentado por la culpa cada vez que necesites hacerte valer o mantener los límites. En el fondo, cree que si se centra en sus propias necesidades, se enfrentará al rechazo que temía de niño.

Señales a las que hay que prestar atención

  • Estás ansioso por complacer
  • Te sientes culpable por no estar de acuerdo con la gente
  • Tienes dificultad para reconocer lo que quieres en la vida (decisiones grandes y pequeñas)
  • Tienes la tendencia a anteponer las necesidades de los demás a las tuyas…
  • Puedes “sentir” las emociones de otras personas
  • No puedes soportar herir los sentimientos de otras personas
  • Te sientes culpable pidiendo lo que quieres
  • Luchas por afirmarte
  • Juegas mucho al “cuidador”, ya sea con amigos o compañeros.
  • Entras en conflicto si tienes que negociar, y te resulta difícil pedir aumentos en el trabajo
  • Te cuesta delegar ya que te sientes incómodo pidiendo apoyo

Cómo dejar de sentirse culpable todo el tiempo

La culpa tiene un propósito, nos muestra dónde nos equivocamos. Pero pierde ese propósito cuando se queda con nosotros sin ninguna razón.

Vivir una vida con la constante sensación de que hemos hecho algo mal no sólo es agotador, sino que puede conducir a mucha ansiedad, y nos causa daño a largo plazo.

En lugar de cambiar tu energía hacia las necesidades de los demás, debes aprender a centrar tu atención en tus propias necesidades.

La terapia puede ayudarte a identificar de dónde proviene esta voz de culpabilidad para que puedas, con el tiempo, anularla. Hay una serie de técnicas que pueden utilizarse para desafiarla y desestabilizarla de manera que ya no interfiera en tu vida cotidiana.

El primer paso para superar la culpa es darse cuenta de que no es tu carga la que llevas. Reconocer por qué está ahí, y ser compasivo contigo mismo. Puede que incluso quieras reconocer lo que has aprendido en el camino. Es probable que seas el tipo de persona que es naturalmente empática, y esa es una muy buena cualidad. Esta empatía sólo necesita ser dirigida al lugar correcto. Y lo más importante, nunca a expensas de tu propio bienestar.

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