29 – Cómo sobrevivir a unos padres tóxicos

Jota: Muy buenos días a todos. Aquí estamos una semana más para hablar de salud mental y hoy estamos de nuevo con nuestra amiga Patricia, que es Psicóloga Sanitaria enfocada en población adulta, que trabaja desde las Terapias Contextuales y es una pieza fundamental del equipo de Psicología Online Avanzada. 

Patricia: Hola, buenos días, Jota. ¿Cómo estás? 

Jota: Muy bien. Tú qué tal, Patricia, cómo estás? 

Patricia: Muy bien, muy bien. Todo bien. 

Jota: Sí, genial. Me alegro un montón que hace mucho que no hablábamos y estaba deseando que tuviéramos otro capítulo tratando estos temas. Y hoy un tema muy curioso que tenemos y ahora nos desvelarás un poquito a ver qué hacemos cuando tenemos unos padres tóxicos. 

Patricia: Mmmmmm, eso es, eso es bueno, hacía mucho tiempo que no nos veíamos efectivamente, así que nada, me alegro de estar una vez más aquí con vosotros. Y si vamos a hablar de esto que se conoce como padres tóxicos, no? Que es un tema bueno del que se habla mucho, una etiqueta que se utiliza a veces, a veces con más sentido que otras, así que bueno, vamos un poco a definir qué es esto. 

¿A qué nos referimos con la expresión “padres tóxicos”?

Jota: Pues cuéntanos, sigue, cuando decimos esto de padres tóxicos, a qué nos referimos? 

Patricia: Pues mira, en primer lugar he de comentar que el concepto de tóxico, de identificar a una persona como tóxica, bueno, la verdad es que personalmente me chirría un poco, porque jo, es un concepto un poco demasiado grande, por decirlo así, como para atribuirle a una persona como tal, no? Es decir, oye, es que eres tóxico. Bueno, en realidad lo que es tóxico es la relación como tal. No hay personas tóxicas, sino vínculos tóxicos. Hay veces que se establecen relaciones entre varias personas que se caracterizan por esta toxicidad, no? Porque no se hacen bien el uno al otro, porque se genera algún tipo de daño, no? O sea que lo tóxico es la manera de vincular como tal, no? Esta relación que se establece y que viene dada por las experiencias de cada uno de apego. Es decir, el apego es la forma que yo he aprendido de vincularme al respecto de mis padres cuando era niña. Entonces esta forma que yo tuve de vincularme con mis padres y de mis padres conmigo va a probabilizar en gran medida como yo me relacione con otras personas. Y claro, de aquí puede provenir esta parte de toxicidad, por decirlo así, o de crear relaciones que no son saludables ni para mí ni para las otras personas. Si te parece, hablamos un poquito de lo que sería un vínculo sano para poder entender la parte opuesta. 

Jota: Claro. Pues sí, sí, cuéntanos. 

¿Cómo sería un vínculo sano con nuestros padres?

Patricia: Pues mira, Jota este vínculo sano que decimos que el primer vínculo que establecemos es con nuestros padres, un poco por sentido común. Hablamos de un vínculo sano, de un apego sano con nuestros padres cuando nuestros padres son sensibles ante nuestras necesidades, es decir, cuando son capaces de identificar qué es lo que su hijo necesita, qué necesidades tiene y cómo pueden cubrirlas. Pero no solo que sean capaces de identificarlas, sino también que estén disponibles para satisfacerlas. Porque de poco serviría saber que mi hijo tiene una necesidad si tampoco estoy disponible para resolver esa necesidad. Y con disponibilidad hablamos no solo de disponibilidad física, de que la persona del padre o la madre esté físicamente presente, sino también emocionalmente disponible. Claro, si yo sé que mi hijo tiene una determinada necesidad, pero yo estoy más centrada en mi propia necesidad que en la de mi hijo, pues de poco me va a servir, no? Entonces tengo que ser sensible ante las necesidades de mis hijos, estar disponible para resolverlas. Y luego, además, una cosa que en psicología llamamos conducta de exploración. La conducta de exploración consiste en permitir que nuestros hijos exploren el mundo, claro, con todas las consecuencias que eso puede traer, porque yo puedo dejar a mi hijo que juegue solo en el parque y eso implica que se puede caer del tobogán. Pero es que ese caerse forma parte de un aprendizaje, de la vida. Entonces con favorecer la conducta de exploración, nos referimos a que los padres proporcionen un sistema de seguridad que permita que el niño genere su propia autonomía, es decir, que el niño aprenda a hacer las cosas por sí mismo y si se tiene que caer oye pues que se caiga, que todos aprendemos cuando nos damos un coscorrón, por decirlo así. 

Jota: Me parece interesante o sea que hay que tener por un lado la capacidad de estar disponible para estar atento al hijo. Pero además darle la libertad de que pueda conocer el mundo. 

Patricia: Claro, claro. Eso es, eso es. Y al final, nuestro hijo sólo va a explorar el mundo si se encuentra en un ambiente seguro. Si nosotros le transmitimos la idea de que oye, de que puede explorar aunque se caiga, aunque se haga daño, aunque a veces sufra, aunque se ponga triste, pero que eso forma parte de la experiencia humana. Entonces es fundamental esto de la idea de seguridad, de transmitirla a nuestros hijos. Claro, te irás imaginando entonces la parte contraria, no? A qué nos referimos con esto de padres tóxicos. En primer lugar, son padres que están volcados en sus propias necesidades. Es decir, este primer punto de la sensibilidad a las emociones de nuestro hijo diríamos que no lo cumplen. No son capaces de detectar que sus hijos tienen alguna necesidad, no la identifican, o eso o no están disponibles para resolverlas. ¿Por qué? Porque a lo mejor no estén, como decimos físicamente, presentes o directamente, porque están tan volcados en sus propias necesidades que no pueden atender a las necesidades de sus hijos. No son una prioridad para ellos. No son capaces de generar ese vínculo de empatía, de ponerme en el lugar de lo que creo que mi hijo puede estar sintiendo o puede estar necesitando. Y esto al final es fundamental, porque como niños necesitamos de nuestros padres, necesitamos que nos cuiden, que nos enseñen a investigar, a explorar el mundo y sobre todo, a satisfacer nuestras necesidades. Entonces, y este primer punto, ya los padres no lo están cumpliendo. Ya empezamos mal, por decirlo de alguna manera. Además, suelen ser padres que vuelcan sus propios miedos, que transmiten la idea de que el mundo no es un lugar seguro. Y fíjate que decimos que esto es fundamental para la conducta de exploración, para que yo me vea capaz de explorar lo que hay en el mundo, tengo que sentirme segura, si no, no me voy a querer mover de mi sitio. Pues bien, si mis padres no me transmiten esto, sino que al revés, no fomentan mi autonomía, castigan cuando yo me intento alejar de ellos. Es la típica escena de madre o padre sobreprotector que no le deja salir del arenero, no? No, no, vaya a ser que te vas a caer o a ver si te va a pasar esto otro. Ten mucho cuidado, no te apunto a natación porque me da a mí miedo y entonces no dejo que tú pruebes eso. Pues estos típicos padres al final lo que hacen es esto que lo que están fomentando es la dependencia, el que el niño no sea capaz de explorar por sí mismo. También son padres y madres que utilizan muchísimo la crítica como estilo comunicativo. Están constantemente criticando todo lo que hacen sus hijos, no? Fíjate, por una parte no fomentan su autonomía, pero es que por la otra están criticando esos intentos de autonomía. Por ejemplo, cuando el niño está aprendiendo a atarse los zapatos, los cordones, son estos padres que se frustran ante esos intentos, entonces no dejan que el niño pruebe y dicen: Ay, déjame que ya te lo hago yo, si es que madre mía, si es que no sabes hacer nada porque es que, madre mía! No, no vas a ser capaz de hacer nada en la vida. Fíjate, no me estás dejando que aprenda y además me lo estás haciendo tú criticándome por ello, no? No sé si te puedes ir haciendo una idea de… 

Jota: Que lo peor no es eso. Lo peor es que me viene gente a la cabeza. 

Patricia: Ya. 

¿Qué secuelas puede tener el crecer con unos padres tóxicos?

Jota: Que te iba a comentar, me imagino que bueno, que se pueden dar algunas partes, por lo menos, no a lo mejor todas estas circunstancias que nos comentan. Pero, ¿qué secuelas puede tener esto? Porque estamos hablando de cuando somos, esto sucede cuando son niños, pero qué pasa cuando esta gente ya es adulta? 

Patricia: Ummm claro, pues fíjate que decimos, decíamos que este tema del cómo yo aprendo a vincularme en base a la relación que he tenido con mis padres, va a probabilizar en gran medida las relaciones que yo tenga en la edad adulta, relaciones de pareja, relaciones de amistad, relaciones en el trabajo. Entonces, claro, lo que puede ocurrir es que yo voy a repetir estos patrones a la hora de relacionarme con otras personas. Las herramientas que yo he aprendido, porque son las que me han enseñado mis padres, puede ser muy probable que yo las acabe repitiendo, no? Entonces, qué pasa? Que yo voy a empezar a vincularme siendo adulta con los demás a través de ese miedo, de esa inseguridad, de esa idea de: el mundo no es un lugar seguro, entonces me voy a vincular desde ese miedo, desde esa sensación de dependencia. Si no se ha fomentado mi autonomía cuando yo era una niña, pues cuando sea adulta voy a tener ese estilo más dependiente hacia los demás, además de muchísima inseguridad, hablábamos de que suelen ser padres y madres que no fomentan mi autonomía. Entonces, claro, yo quizás haya desarrollado tardíamente determinadas habilidades, oye, quizás no haya aprendido a resolver por mí misma conflictos en las relaciones. Entonces eso va a hacer que sea una persona muy insegura en mis relaciones interpersonales. También, claro, el hecho de haber crecido desde la idea de que el mundo no es un lugar seguro, va a hacer que tengan mucho más probabilidad el experimentar ansiedad, no? El observar el mundo desde una percepción de amenaza continua. Todo me va a dar miedo, todo me va a abrumar. Voy a preferir realizar actividades que me aporten muchísima más seguridad y además todas las decisiones o gran parte de las decisiones que tome en mi vida van a estar guiadas desde este miedo y no desde: esto es valioso para mí, me voy a acercar a ello, no? Yo he aprendido a relacionarme con mi entorno desde el miedo y eso se va a trasladar en las decisiones que tome en mi vida y en las relaciones que vaya forjando. Además, de jo, algunos problemas de identidad, no? Este estilo dependiente del que hablábamos puede hacer que yo no sepa lo que quiero, yo no sepa lo que me gusta y entonces no voy a saber quién soy. Si han empezado, si desde pequeña decidían todo por mí, me decían cómo tenía que comportarme, como tenía que ser, que es lo que tenía que comer cuando iba a un restaurante, qué es lo que tenía que beber. No me están enseñando a que pruebe por mí misma, a que descarte, y a que elija qué es lo que me gusta. Por lo tanto, muy difícilmente voy a saber quién soy. Entonces, esto puede ir de la mano de muchísimos problemas de identidad, porque al final yo no he aprendido a escucharme, sino simplemente a atender las necesidades de los demás y a protegerme de ese mundo que yo percibo como hostil. También la parte de la autocrítica. Oye, sí, desde niña yo he estado en un contexto en el que he sido muy criticada, en el que constantemente se criticaba ya no lo que hacía, sino a mi propia persona. Pues al final voy a interiorizar esa voz crítica. No es lo que yo llamo como ecos del pasado, esas voces que resuenan, no? Que en su momento me criticaban y que ahora he hecho mías. Entonces, estas personas que han sufrido este tipo de vínculos más tóxicos desde la infancia, muy probablemente sean personas con muchísima crítica hacia sí mismos. Y en último lugar, bueno, por dar algunas pinceladas, porque podríamos hablar muchísimo más profundamente, pero por dar las últimas pinceladas, también es muy probable que estas personas desarrollen cierto patrón de carácter obsesivo, de carácter controlador. ¿Por qué? Porque al final lo que yo no controlo es incertidumbre. Y si el mundo es un lugar peligroso, cuando hay incertidumbre aún más, entonces por eso son personas que muy probablemente traten de controlarlo todo y de tener un estilo bastante perfeccionista. Fíjate que solo he nombrado unas poquitas, pero en realidad las secuelas que puede tener un vínculo tan lesivo en la infancia, pues las secuelas pueden ser muchísimas y de carácter muy variable, en función de la persona. 

¿Cómo es la relación entre padres tóxicos e hijos al llegar a la edad adulta?

Jota: Vaya y cómo acaba siendo cuando esos niños son adultos y están en esta situación que nos estás contando, cómo es la relación que se genera con los padres? Porque entiendo que llega un momento en la vida en la que empiezas a ser consciente de algunas cosas, no sé si de todas. ¿Cómo es esa relación entre hijos y padres en la edad adulta?

Patricia: Bueno, pues es que depende, no? Porque depende de en qué punto estés. Quiero decir, hay personas que pueden llegar a asumir, bueno, esta es la relación que tengo con mis padres, soy capaz de ver que es diferente a la de las otras personas, en función de la gente de la que yo me rodeé. Pero soy capaz de detectar que mi relación con mis padres es diferente al resto de personas y puede que lo asuma como algo que no puede cambiar, y entonces eso me genera una sensación de indefensión, de esto es lo que hay y no hago nada para cambiarlo, no? Y por lo tanto continúo en ese bucle de dejarme llevar por lo que mis padres me dictaminan, por decirlo así. Puede ocurrir eso, puede ocurrir que la persona ya entre como en una especie de estado de irritabilidad, hacia los gestos de sus padres. Oye, como yo veo que esto no es lo habitual en las relaciones entre padres e hijos, por qué tengo yo que soportar esto, no? Y eso genere pues al final el que yo vaya descargando una tensión acumulada de muchos años hacia mis padres y que se generen conflictos, discusiones, etcétera. O puede ocurrir que es lo que me gustaría un poco promover desde aquí, no? El poder elegir qué tipo de relación quiero tener con mis padres, jo a nivel social, a nivel más normativo parece que se nos impone que oye, es que como son mis padres tengo que tener relación con ellos y además tengo que dejarme llevar por sus consejos, tengo que pedirles ayuda, tengo que. Y oye, no, no tiene porqué ser así, vale? Son mis padres y los lazos que me unen son de sangre, pero eso no tiene por qué determinar la relación que yo quiera tener con ellos. Entonces, es fundamental que las personas que se puedan sentir identificadas con este estilo de relación sean capaces de elegir qué relación quiero tener con mis padres, y de librarse un poco de esta culpa que es muy probable que aparezca. Tengo que poder elegir y decidir. ¿Quiero mantener relación con mis padres? Vale, sí, pero ¿de qué forma lo quiero hacer? Que sea una decisión consciente y guiada por lo que yo necesito a cada momento. No tiene porqué ser blanco o negro, o tengo relación y es una relación en la que hablamos todos los días, o no hay relación, sino que hay grises. Entonces vamos a valorar todos esos grises en función de lo que nos haga sentir bien y no tanto en función de cómo deberían de ser las cosas. Es decir, en primer lugar, diseñar esa relación que cada uno quiera tener con sus padres. 

¿Cómo puede afrontar un hijo que ha crecido con padres tóxicos el daño que éstos le han generado?

Jota: Claro. Entiendo que es una situación complicada porque al final son tus padres y que hay una situación ahí de como dices, de irritabilidad. Y cómo puede afrontar esa persona que ha sufrido todo esto en la edad adulta y todo ese daño que se ha generado de una manera además inconsciente, y el padre entiendo que en muchas ocasiones lo que ha querido es protegerle y entendiendo que lo quiere hacer bien, pero ha conseguido generar un daño. ¿Cómo puede afrontar ese daño que se le ha generado? 

Patricia: Bueno, pues como comentábamos en primer lugar el diseñando la relación que yo quiero tener con mis padres, eso es fundamental, porque eso va a ser lo que guíe las demás decisiones o las decisiones diarias que yo vaya tomando en torno al contacto que quiero tener con ellos, no? Entonces una vez yo tengo claro qué relación quiero tener con ellos, el que yo pueda marcar mis límites de una forma asertiva, de una forma directa, que yo empiece a dar importancia a mis necesidades, a lo que yo quiero, a lo que yo necesito, a lo que yo deseo, etcétera Y también permitiendo que salgan todas las emociones que quizás han estado reprimidas durante mucho tiempo. Quizás yo haya aprendido a inhibir el enfado, a no mostrarlo delante de mis padres por miedo a las represalias, por miedo a no sentirme comprendida, etcétera. Entonces, oye, quizás ya sea momento de sacar todo eso a relucir. Jo, en algún caso hemos hablado justamente de la utilidad del enfado, no? De que nos ayuda a marcar límites y a definir la relación con las otras personas. Pues oye, quizás sea el momento de empezar a sacar este enfado, esta rabia acumulada y a que ello nos permita marcar límites, que sean conscientes, que nosotros decidamos, pues ese estilo de relación y hasta qué punto vamos a tolerar ciertas conductas. Y al igual que hablamos del enfado, también de la tristeza, por ejemplo, la tristeza también es una emoción necesaria. Entonces tenemos derecho a sentirnos tristes porque al final lo que nos ha tocado vivir no es lo que nos tendría que tocar, por decirlo así. Entonces, oye, vamos a permitirnos también estar tristes y poder compartir esta tristeza con las personas con las que deseemos, no? También el ser personas asertivas, y con personas asertivas me refiero a ser flexibles. ¿Por qué? Porque habrá veces que con nuestros padres surjan pequeños conflictos que no nos compense continuar, no? Cosas que sean tolerables que digamos, bueno, la verdad es que mira, me compensa estar diez minutos aguantando esto y no montar un conflicto porque quizás no sea algo que jo, que se me vaya la vida en ello, no? Por decirlo así. Sin embargo, habrá otras veces que sí, que tengamos que marcar unos límites de una forma, pues incluso más agresiva, no? Más firme y que tengamos derecho a hacerlo para hacer que nuestras necesidades sean escuchadas. Al final, la asertividad es un poco esta flexibilidad que me permite adaptarme a la situación en función de mis objetivos y en función de lo que me vaya a generar un menor impacto emocional. Y en último lugar, algo también que me parece fundamental es ser conscientes de que no vamos a cambiar a nuestros padres, de que nuestros padres van a ser así. Y como tú comentabas, Jota, es cierto que en muchos casos, en la mayoría de los casos, nuestros padres han sido así porque no tenían otras herramientas para ser padres de una manera diferente, porque lo han hecho lo mejor que podían o que sabían, no? Y en la mayoría de los casos, en realidad son intentos de proteger a los hijos, no? Entonces nuestros padres no van a cambiar, no saben hacerlo de otra forma y probablemente ni siquiera sean conscientes de los efectos que su estilo educativo han tenido en nosotros, no? Entonces no vamos a poder cambiarles, pero lo que sí que podemos hacer es amortiguar el impacto que esa relación puede tener en nosotros, empezar a vincularnos con ellos de una forma diferente, marcando límites, permitiéndonos expresar nuestras necesidades, etcétera. Es decir, pues no cambió la situación, pero sí el daño potencial que me puede generar. Y un pequeñísimo apunte, decíamos que es cierto que la mayoría de los padres lo hacen lo mejor que pueden y que saben, pero sí que es cierto que luego hay algunos rasgos de carácter más narcisista que bueno, sí que son personas y que son casos especialmente delicados y son relaciones especialmente tóxicas que en este caso, bueno, ya es complicado hablar de la intención que puede haber detrás de estos padres o no. Pero bueno, estos casos sí que merecen un cuidado especial porque son casos que pueden dejar bastantes secuelas bastante importantes en las personas. 

¿Qué consejos podemos darle a los padres que nos puedan estar escuchando?

Jota: Claro, no estamos entrando en casos ya extremos, que es lo que comentas, sino en algo más, más habitual. Nos has dado muchos consejos y muchas líneas de por dónde deben ir los hijos que han pasado por esto. Sí ahora mismo nos está escuchando algún padre, que imagino que puede estar pensando en lo que ha hecho a lo largo de su vida y puede decir: Oye, yo lo he hecho lo mejor posible, pero igual lo he hecho mal, no? O lo está haciendo mal. ¿Qué se le puede decir? Puede, si está todavía a tiempo porque sus hijos sean pequeños, hacer algún cambio o si son ya adultos, poder pensar en algún cambio para que las relaciones mejoren, para que la educación que genera es mejor. O tú crees que es un caso perdido, que los padres creen que lo están haciendo así bien y que aunque escuchen esto van a decir yo lo estoy haciendo como tengo que hacerlo. 

Patricia: No, bueno, yo creo que hay de todo, no? Y que habrá personas que puedan ser conscientes o puedan tener más capacidad reflexiva, de cuestionarse como lo están haciendo. Y habrá otros que sean un poquito más rígidos o que tengan mayor dificultad para esto. Entonces pues en primer lugar decir oye, que no existen los padres perfectos, que muy probablemente todos y todas los padres y las madres del mundo tengan dudas en muchos momentos acerca de cómo lo estén haciendo. Y creo que eso de hecho es un factor de protección. Es un factor bastante positivo. Cuando yo me auto observo y me cuestiono cómo lo estoy haciendo, soy capaz de generar cambios. Es decir, la autocrítica en su medida justa, es algo positivo porque me permite cambiar y me permite mejorar. Pero transmitir un poco esta idea de que los padres perfectos no existen, no podemos alcanzar ese estándar porque no existe. Ahora que nos damos cuenta que estamos repitiendo algunos patrones, que nos damos cuenta que quizás estamos utilizando este estilo más crítico, en fin, algunas de las cositas que hemos ido nombrando, no? Bueno, pues en primer lugar, yo recomendaría quizás el que se cuestionen de dónde puede venir esto, no? De qué manera, qué relación tuvieron o tienen ellos con sus propios padres, si están repitiendo algún patrón, si están repitiendo un estilo que vieron en sus propios padres. A veces esto es bastante difícil de observar, entonces siempre es recomendable ir a terapia, no? Para hacer un ejercicio de análisis de la historia de vida de cada uno, no? Pero bueno, si pueden un poco observar esta parte, si están repitiendo estos patrones, que es probable que sea así. Y luego irse observando en su día a día, el darse cuenta de: oye, las decisiones que tomo con respecto a mi hijo están más basadas en su propia autonomía o en mis propios miedos. Que cosas no estoy permitiendo que mi hijo haga por mi propio miedo y observar este estilo sobre todo crítico, este estilo basado en lo hago yo por ti, pero además de crítico. Estoy sobreprotegiendo a mi hijo, estoy fomentando su su autonomía, etcétera Pero ya te comento que bueno que siempre es recomendable ir a terapia, además que esta parte de los estilos educativos es algo que se puede trabajar perfectamente en terapia, que podemos trabajar con muchas pautas, conociendo también la propia historia del padre o la madre. O sea que bueno que es algo que se puede trabajar y que animaría a las personas a que hiciesen así. 

Jota: Genial. Oye, pues a mí me ha parecido súper interesante. No sé si quieres añadir algo antes de terminar. 

Patricia: Bueno, quizás a nivel de la perspectiva de la persona, el cómo afrontar este daño que ya se ha hecho muy brevemente, no? El que la persona pueda reelaborar la historia, pueda construir un relato objetivo de lo que le ha ocurrido. Oye, las cosas no han sido como deberían haber sido con mis padres, esto es lo que ha ocurrido. Y ahora, ¿qué puedo hacer con esto? Como decíamos, voy a identificar mis propios patrones, la manera que tengo de relacionarme con los demás. Al final, cuando yo hago algo consciente, es cuando puedo cambiarlo, cuando yo me observo, identificó como me comporto, pues puedo elegir actuar de una manera diferente y en último lugar, si es necesario pues acudir a terapia, como siempre. 

Jota: Genial Patricia, a mí me ha encantado, me aporta un montón todos estos detallitos que nos has dado. Y yo creo que todos los padres e hijos deberían escuchar esto un poco, tanto para entender lo que ha podido pasar y siempre habrá algún detallito o alguna cosa que podamos aplicar. Pues muchas gracias Patricia. Nos vemos pronto. 

Patricia: Un placer como siempre Jota. Cuídate. Un abrazo a todos. 

Jota: Chau chau.