17 – El enfado

Jota: Muy buenos días a todos. Aquí estamos de nuevo para un capítulo más tratar el tema de la salud mental. Hoy estamos con Patricia, que como todos sabéis, es psicóloga sanitaria enfocada en población adulta que trabaja desde las terapias contextuales y es una pieza fundamental del equipo de Psicología Online Avanzada. Muy buenos días, Patricia.

Patricia: Buenos días, José Juan, qué tal? Cómo estás?

Jota: Genial, genial. Aquí, preparado otra vez para hablar de salud mental y un tema como todas las semanas, curioso y que yo creo que va a ser de interés, porque esto, yo creo que sí que nos pasa a todos. No?

Patricia: Mmmm. Sí. Menos mal que nos pasa a todos, no? Menos mal que nos enfadamos todos.

Jota: Efectivamente, porque vamos a hablar del enfado.

Patricia: Efectivamente. Y puede que le llame la atención a algunas personas de oye, por qué hablar del enfado? Sin embargo, creo que puede ser muy útil y que nos puede ayudar a despejar algunos mitos que circulan acerca de nuestras emociones y más concretamente, del enfado.

¿Qué es el enfado?

Jota: Pues oye, yo creo que para empezar, aunque creo que todos sabemos lo que es el enfado. Por qué no nos cuentas qué es el enfado?

Patricia: Um. Pues bueno, el enfado es una emoción. No? Y además, como toda emoción, es una experiencia interna, no? Nosotros notamos que estamos experimentando una determinada emoción porque cambian algunas cosas, algunos indicadores de nuestro cuerpo. Cambiamos a nivel fisiológico podemos notar cierta activación. Yo cuando estoy enfadada, por ejemplo, pues podemos notar que los músculos se engarrotan más, nos ponemos como más tensos, que la tensión cardiaca sube, la frecuencia cardiaca, la tasa respiratoria. Es decir, se produce una activación fisiológica de nuestro organismo. Además, el tipo de pensamientos también cambian, verdad? No pensamos lo mismo cuando estamos tranquilos en un estado de paz que cuando estamos enfadados. El contenido de los pensamientos también cambia. Solemos tener un pensamiento quizás más acelerado, más enfocado a la defensa o a la agresión externa o no, por decirlo así. Es decir, cambiamos a nivel físico y a nivel mental, por decirlo así, cuando, cuando estamos enfadados. Además, concretamente, el enfado es una emoción básica, de esas que llamamos básicas. No sé si has visto Jose Juan, la película es de dibujos animados, pero es muy conocida la de “Inside out”, “Del revés” se llama.

Jota: Me suena, pero no recuerdo ahora mismo. Pero cuéntanos que ocurre.

Patricia: Vale, pues es una película maravillosa que recomiendo que veas y recomiendo que vea todo el mundo que nos escuche, porque a pesar de ser una película enfocada en principio para niños, es una película muy útil también para adultos. De hecho, en las terapias que tengo con algunas personas con adultos recomiendo muchísimo que la vean, porque al final aborda el tema de las emociones, de qué son, de para qué sirven, de por qué están ahí, de qué sentido tienen que aparezcan? Y de hecho hace un recorrido por las emociones básicas que tenemos los seres humanos que son: la alegría, la ira, la tristeza y el asco, el asco y el miedo. Perdón? Entonces bueno, pues es una peli muy útil porque nos ayuda a entender porqué están ahí las las emociones.

¿Para qué sirve enfadarse?

Jota: Que bien, pues oye, me la apunto, me la apunto para verla. Y si además aprendemos un poquito sobre nosotros, genial. Y todo esto del enfado que parece que le estás dando un punto de vista bueno, para qué sirve enfadarse?

Patricia: Um. Vale. Me gustaría comentar, claro, un poquito más en general, pero nos vamos a centrar en el enfado. Fíjate, tenemos dos ojos, no solo uno. Como seres humanos, tenemos dos ojos. Por qué es así? Porque nos permite tener un mayor campo de visión. Lo cual me puede proteger de una amenaza que pueda surgir más atrás, no? Puedo verla, mi campo de visión es más amplia. ¿Por qué tenemos cinco dedos? Porque nos permite agarrar mejor, nos permitía trepar por los árboles. Con esto quiero decir que todo lo que tenemos en el cuerpo, todo lo que tiene el ser humano, está ahí, no por azar, sino porque ha facilitado la supervivencia de la especie a lo largo de la historia de la evolución. Y esto pasa con absolutamente todo, no sólo a nivel más físico, sino también a nivel psicológico, no? En este caso las emociones están ahí porque han sido útiles y son útiles y nos permiten adaptarnos a nuestro entorno y a adaptarnos a las circunstancias cambiantes que pueden ir surgiendo. Entonces el enfado está ahí porque es útil. Hay muchas personas que a veces acuden a terapia diciendo oye, pues mira, es que quiero, quiero quitarme el enfado. No sé porqué me enfado con esta facilidad, me gustaría no enfadarme tanto con mi pareja, por ejemplo. Bueno, pues es curioso, porque es que realmente quitarnos el enfado sería rechazar algo que nos ha permitido permanecer como especie y sobrevivir, no? Entonces, por supuesto que el enfoque que le estoy dando es que absolutamente todas las emociones son necesarias y son útiles. No hay emociones positivas o negativas como tradicionalmente se nos ha hecho entender, sino que hay emociones que son agradables y otras que pueden ser más desagradables, pero son útiles y el enfado es útil. ¿Para qué sirve el enfado? Para eso tenemos que pensar en en qué situaciones aparece. El enfado aparece en situaciones en las que no podemos alcanzar el objetivo que perseguimos, o situaciones como frustrantes en las que yo espero determinado resultado, pero no consigo alcanzarlo. Bien porque aparece alguna otra persona que intermedia y que me impide llegar a mi objetivo, o bien por algo más contextual, algo más de la situación. Pero sea como sea, me impide llegar a donde yo esperaba llegar. Por lo tanto aparece el enfado. También surge en las relaciones interpersonales, en las relaciones con otras personas, no? Y surge cuando percibimos una situación como injusta, percibimos que se están vulnerando nuestros derechos, que no se nos está teniendo en cuenta, es decir, ante cualquier percepción de injusticia con otras personas. Entonces, claro, fíjate cómo el enfado es una emoción que aparece muy súbitamente, no? De repente, es una emoción que nos altera mucho, que se produce una alteración general que todos somos capaces de identificar. No, no se si…

Jota: Sí, sí. Sí, totalmente.

Patricia: Vale.

Jota: Sí. Sí. Dime, dime.

Patricia: No! Entonces eso el enfado nos permite precisamente afrontar este tipo de situaciones marcando límites con las otras personas o con la propia situación en sí misma. Nos permite enfocarnos hacia la situación generando un cambio que nos permita acercarnos a eso que perseguimos. Es decir, nos permite la adaptación, no? Y es algo fundamental. Imagínate, vamos a imaginarnos por un momento la vida de una persona que no se enfada, nunca. ¿Cómo sería? ¿Cómo crees que sería?

Jota: Pues, a ver, yo me imagino a gente que no exterioriza su enfado, pero no me imagino a alguien que no se enfada realmente. Me imagino que simplemente no lo está expresando.

Patricia: Um, vale, acabas de nombrar algo que es fundamental, porque al final la vivencia interna de enfado la tenemos todos, porque es algo que no está sujeto a control. Las emociones no están sujetas a control. Yo no puedo elegir sentir o no sentir determinada emoción, sino que es un proceso automático. Precisamente por esto que hablamos de que ha favorecido la evolución de la especie, no? No podemos apagar las emociones, pero sí que podemos modularlas. Sí que podemos controlar el cómo yo manifiesto o expreso esa emoción, en este caso el enfado. Efectivamente, la cosa está en cómo se exterioriza y en si las personas lo exteriorizan o no lo exteriorizan. Entonces, siguiendo el hilo, claro, cómo sería la vida de una persona que no exterioriza el enfado?

¿Cómo sería la vida de una persona que no exterioriza el enfado?

Jota: Pues creo que eso lo deberías comentar tu mejor. Porque no sé qué ocurriría, me imagino que una persona que está enfadada pero no lo expresa, por dentro está sufriendo más que una persona que sí que es capaz de expresarlo. Pero cuéntanoslo tú, que seguro que lo sabes mejor.

Patricia: Efectivamente, esa persona va a tener ese malestar de igual manera, no? De igual manera, o incluso claro, más, no? Porque al final el no exteriorizar las emociones impide que las resolvamos. Las emociones son mensajeros que nos están indicando, en este caso el enfado, no? Nos está indicando: Oye, pon aquí un límite, que está pasando esto. Que te estás sintiendo agredida por esa persona. Entonces yo tengo que atender a esa emoción, tengo que resolverla porque me permite solucionar el problema o la situación, el que yo exteriorice ese enfado y pueda comunicar a esa persona: Oye, esto que estás haciendo no me parece lo correcto, entonces te sugiero que dejes de hacerlo así o que por lo menos tengas en cuenta mi opinión. Por ejemplo, no? Al yo exteriorizar la emoción, al yo exteriorizar el enfado me permite resolver la situación y generar un cambio de cara a que la situación no se vuelva a repetir. Ahora, si yo no exteriorizo la emoción, no voy a generar un cambio. Por lo tanto, esa situación se va a repetir en el tiempo y mi enfado se va a enquistar cada vez más hasta que llega un punto en el que estalle. ¿Y qué pasa? Que cuando estallo yo ya no mido lo que estoy diciendo, de qué formas, ni si la situación es la más idónea, sino que no hablo yo sino mi enfado. Por lo tanto las consecuencias que se van a derivar de eso van a ser meterme en un conflicto, no? Quizás con una persona, el perder quizás una relación de intimidad o en fin, el que haya unas consecuencias que no van a estar sujetas a mi control, no? Por eso es importante escuchar y atender a la emoción en ese momento, en el momento en el que surge, pensar de dónde viene, qué está ocurriendo y cómo puedo sacarla hacia fuera de una forma que me permita comunicarme adecuadamente con la otra persona. Porque si espero hasta que estalle es como subir una escalera. Si yo ya llego arriba del todo me va a ser mucho más complicado gestionar la situación. Entonces, claro, una persona que no exterioriza nunca su enfado, pues al final sería una persona que no pone límites a las otras personas, sería una persona de la que probablemente todo el mundo tratase de aprovecharse. Y sería una persona cuyo interés estaría siempre supeditado a los demás. No haría lo que quiere hacer, sino lo que los demás quieren que haga. Por lo tanto, sería una vida totalmente condicionada a los deseos de los demás. Y claro, no sería una vida valiosa para la persona o sea que fíjate lo importante y lo necesario que es permitirnos que el enfado haga su acto de aparición y exteriorizarlo hacia los demás.

Jota: Y se me ocurre aquí que una persona puede enfadarse y que se note que está enfadada, pero que la gente a su alrededor no sepa ni con quien se ha enfadado, ni el motivo del enfado. Esto imagino que también habría que expresarlo, que cuando una persona se enfade, antes de que lo exteriorice y los demás vean claramente que esta persona está enfadada. Que sepa decir, me he enfadado contigo en concreto y ha sido por este hecho en concreto.

Patricia: Claro, efectivamente eso forma parte de la comunicación del enfado como tal. Pero fíjate que previamente a todo eso, yo necesito hacer un proceso de identificación de qué es lo que me está ocurriendo, que los nombramos a la ligera, pero realmente hay veces que no es tan sencillo. Seguramente que en algún momento te habrá ocurrido, pues un día que ya acabas el día y llegas a casa y te sientes enfadado y a lo mejor lo pagas con tu pareja o con la persona con la que convivas y no sabes por qué, no? Bueno, quizás ha habido un proceso de acumulación previo en el que me han ido irritando determinadas cosas a lo largo del día. Y yo, el no haberme parado a ser consciente de esto ha hecho que desemboque en que cuando llego a casa lo pago con mi pareja. Entonces fíjate lo importante que es el ir haciendo este proceso de identificación a lo largo del día, de cómo me voy sintiendo, que me va molestando, por qué de repente me siento enfadada. Tengo que hacer esta lectura previa acerca de que ha ocurrido a lo largo del día, o qué está ocurriendo en este momento que me está generando este enfado. Porque si no, no lo voy a poder comunicar, o lo voy a comunicar a una persona que no sea la persona con la que realmente me esté enfadando, o quizás no identifique el motivo, no sea capaz de señalarlo de forma clara. Entonces necesito en primer lugar identificar para luego poder comunicar y transmitir. Y efectivamente, en esta comunicación yo tengo que ser capaz de transmitir qué es lo que me está ocurriendo, no? Por qué, cómo me estoy sintiendo en primer lugar y por qué, y a la persona adecuada, claro, de cara a poder resolver esa situación que está haciendo que me enfade.

¿Cómo podemos comunicar el enfado de manera adecuada?

Jota: Sí. Y cómo sería mejor realizar esto? Por qué una persona se enfada, puede tener muy claro el enfado y el motivo y porque me acaban de hacer un acto que yo no puedo consentir, y en ese momento que estoy en pleno enfado, es mejor soltarlo y decirlo, o es mejor coger aire, relajarse y ser capaz de llegar después y decir oye, mira, me pasó esto, estoy muy enfadado, aunque ya no estoy tan exaltado como en ese primer momento, pero creo que se entiende, no? El poder expresarlo más tarde cuando eres capaz de hacerlo de una forma más fría.

Patricia: Claro, ahí hace falta, como un pequeño ejercicio de análisis, de en qué punto estoy, en qué punto estoy y este punto me va a permitir expresarme adecuadamente, o voy a ser el enfado con patas, como yo digo muchas veces, no? Si estoy en el punto más alto de la pirámide, si estoy en el punto más alto de enfado, en el nivel más alto, si soy ese enfado con patas, pues oye, necesito bajar unos cuantos escalones de la intensidad, respirar, aclarar las ideas, aclarar el discurso, identificar. Oye, qué es exactamente lo que está ocurriendo? Necesito además información para poder dilucidar qué es lo que está ocurriendo o realmente tengo claro qué es lo que me está enfadando y poder respirar un poco, poder bajar la intensidad de forma que me permita comunicarme adecuadamente con esa persona. Porque fíjate, el objetivo del enfado no es agredir a la otra persona, sino que el objetivo debe ser resolver determinada situación. Si yo gestiono ese enfado en un nivel muy alto de enfado, en el que yo estoy totalmente desbordada por el enfado, mi objetivo probablemente en ese momento no va a ser resolver la situación, va a ser atacar a la otra persona, porque como yo me estoy sintiendo de alguna manera atacada, voy a querer responder de la misma manera. Entonces, si el objetivo del enfado debe ser resolver una situación problemática, pues oye, voy a buscar las condiciones más adecuadas que me permitan enfocarme hacia ese lugar, hacia ese objetivo y eso quizás en muchas ocasiones pase por bajar un poco el nivel de enfado, respirar, tranquilizarme, seleccionar exactamente qué es lo que quiero transmitir a la otra persona y en qué momento hacerlo. Buscar la situación más adecuada, como decíamos. Tampoco llevándolo a un extremo que tampoco llegue un punto en el que yo ya no sienta enfado, porque entonces lo más probable es que quiera pasar por alto la situación, evito enfrentarme a ella y al final tampoco estoy solucionando el problema porque no estoy generando ningún cambio en el ambiente. Entonces ni un extremo ni el otro podríamos decir.

¿Qué puede hacer una persona para comunicar su enfado en el momento correcto?

Jota: Claro, pero bueno, esto a veces no es tan fácil, no? Imagino que una persona, en el momento en el que se da cuenta de lo que está pasando y se enfada en ese mismo momento. Bueno, habrá técnicas probablemente que tú conozcas para poder enseñar a la persona a no saltar en ese momento, pero hay gente que directamente no lo hace. Es posible que esas personas que cuando se enfadan lo exteriorizan totalmente, sean capaces de aguantar ese poquito, darse la vuelta, relajarse y buscar lo que dices. Ese punto, ese momento en el que sea eficaz, porque probablemente si lo exteriorizas en el momento de ese gran enfado, lo hagas de una manera que la otra persona se sienta atacada y no se resuelva absolutamente nada. Al revés, no? Se hace incluso peor. ¿Qué puede hacer esa persona para hacerlo en el momento correcto?

Patricia: Hum. Bueno, pues claro, como comentaba realmente es complejo, no? Y más cuando hay alguna dificultad en el autocontrol, o en la autorregulación, en cómo yo regulo mis emociones o incluso un problema más de impulsividad. Entonces, claro, en estos casos es complicado efectivamente gestionar el enfado, porque, como decíamos antes, es una emoción muy súbita y muy intensa que aparece muy de golpe y que somos capaces de identificar, vamos, que estamos enfadados en ese momento, no? Entonces para algunas personas puede ser complicado gestionar esto y de hecho, bueno, pues suele ser un motivo de consulta, no? Esa dificultad para regular determinadas emociones, entre ellas el enfado. Fíjate como el enfado, en los casos en los que tiene que ver con relaciones interpersonales, con relaciones entre personas, va muy de la mano del sentirse dañado, no? Va muy de la mano de ese dolor, por decirlo así. Entonces es muy importante trabajar con el hecho de qué tipo de cosas, qué tipo de situaciones son las que me hacen sentir enfadado. ¿Por qué? Porque normalmente identificamos un patrón de situaciones. Suele ser muy a menudo cuando tú te sientes de esta forma, o cuando, por ejemplo, alguien te hace una crítica, o cuando sientes que a lo mejor se te está excluyendo. El primer paso sería identificar estos patrones, de qué tipología de situaciones son las que me hacen sentir este enfado. ¿Por qué? ¿Qué tiene que ver esto conmigo?

Cuando yo me enfado, cuando yo experimento enfado, no tiene tanto que ver con lo que hace la otra persona, sino conmigo misma, no? Con qué lectura estoy haciendo de esa situación, de dónde estoy percibiendo esta amenaza, no? Y qué tipo de amenaza es? Entonces es muy importante, como decíamos, hacer este primer paso, que no es sencillo de hacer y que normalmente esto lo hacemos en terapia, haciendo un poco una revisión de la vida de esa persona, de su recorrido. Y a continuación, pues bueno, efectivamente, con determinadas estrategias de regulación de la emoción, de que es una vez yo reconozco mi herida, que es decir, qué tipo de situaciones son las que hacen que me enfade porque esto es un patrón en mi vida, puedo enfrentarme a ellas de una forma distinta, puedo en ese momento identificar, oye, quizás no tiene tanto que ver con lo que la persona está haciendo en este momento, sino con mi herida del pasado, con lo que esto remueve en mí. Y eso me va a permitir poder regular, poder atender a la situación de una forma mucho más equilibrada, no? Y por supuesto, pues eso, a través de determinadas herramientas o técnicas de afrontamiento de la situación y de gestión de la emoción.

Jota: Increíble el proceso, que parece sencillo así contarlo, pero luego hay que verse en la situación. Te iba a preguntar, en caso de que el acto que nos ha enfadado sea algo irreversible, algo que ya ha ocurrido, que no tiene solución, que da igual que tú le digas a la persona lo que sea. Puede haber momentos en los que bueno que tú prefieras soltarlo y decirlo, pero a lo mejor ya ni merece la pena contarlo. Es algo que no hay marcha atrás, que da igual lo que haga la otra persona que tu decisión puede ser más, lo que hablamos es una relación interpersonal que se rompa y esa relación o no, o asumir que ha ocurrido y tirar para adelante. ¿Qué opinas? ¿Qué habría que hacer? O si hay algo, igual la respuesta buena aquí es como siempre, depende. Cuéntanos un poquito, Patricia.

Patricia: Claro. Efectivamente, depende. Yo creo que no es nada descabellado lo que planteas, que hay situaciones en las que puede no merecer la pena el invertir esa energía y ese tiempo en tener un diálogo con la otra persona, en expresar cómo nos hemos sentido, aunque sea irreversible la situación. Creo que al final lo que suele ser de utilidad es hacer una valoración de costes, de costes-beneficios, de realmente me compensa esto en este momento, me compensa expresar cómo me estoy sintiendo? O quizás a lo mejor es una persona pues no lo sé, a la que no voy a volver a ver nunca más, que se trata de un hecho aislado, que además estoy en una situación que no es la más adecuada. Oye, pues igual me compensa no decir nada y dejarlo ahí y ya está, no? No obstante, claro, siempre teniendo en mente el adaptarnos a la situación que sea, el hacer esa valoración de costes y beneficios con respecto a esa, a esa situación. Que no se convierta en un patrón, que no sea más una tendencia mía, sino que sea más un resultado de hacer este balance de costes. Porque si al final yo tiendo a no enfrentarme o afrontar más bien este tipo de situaciones de enfado, al final ya no de cara a poner límites a los demás, sino que la imagen que me estoy devolviendo a mí misma es que da igual lo que me hagan los demás, no tengo derecho a marcar estos límites, no? Y esto al final está bastante vinculado con la autoestima y con otras muchas cosas que al final pueden desembocar en una problemática mucho más grande y mucho más generalizada en la vida de la persona. Entonces, como decía, siempre valorando la propia situación en sí, me compensa o no me compensa. Y en función de eso, pues ver si merece la pena sacar el enfado o me lo puedo dejar para dentro.

¿Qué podemos hacer cuando vemos que alguien está enfadado pero no nos dice el porqué?

Jota: Y se me ocurre, qué ocurre con la gente de alrededor? No sé, me imagino que a todos nos ha pasado en algún momento que vemos a una persona que está enfadada. Que no entendemos por qué, empiezas a pensar que he hecho, a ver si he sido yo, que he hecho algo. Intentas buscar a lo mejor ha sido por esto, además preguntas oye, te pasa? Y la respuesta es no, no, no, no me pasa nada. Pero sabes que ocurre algo ahí, que es mejor hacer? ¿El forzar, sacar la conversación, dejar pasar? Esa otra persona que no está enfadada pero está viendo a otra persona enfadada.

Patricia: Um. Hum. Bueno, al final esto tiene que ver con cómo la persona está gestionando su enfado, no? Y oye, pues siempre podemos ofrecer ese espacio de oye, sé que o tengo la sensación de que te está ocurriendo algo, tengo la sensación de que estás enfadado o enfadada. Está bien que generemos ese espacio en el que invitamos a la persona a que pueda comunicar lo que está experimentando, que pueda transmitir ese enfado, no? De cara a que haya un desahogo, de cara a que podamos resolver la situación, a ver si podemos prestar algo de ayuda a la persona. No obstante, bueno, quizás no sea tampoco conveniente insistir mucho, porque a lo mejor lo que está ocurriendo, Jose Juan, precisamente es que esa persona está en su nivel máximo, o cercana a ese nivel máximo de enfado, entonces está decidiendo parar para autorregularse antes de exteriorizarlo, lo cual es bastante positivo. Si yo en ese punto exijo a la persona o insisto en que dime que te pasa, dime que te pasa, venga que sé que te pasa algo, que te lo estoy notando. ¿Qué te pasa? ¿Qué te pasa? ¿Qué te pasa? A lo mejor estoy provocando el que la persona se convierta en ese enfado con patas, como yo digo en ese momento y estalle, no? Cuando precisamente es lo que no quería que ocurriese. Entonces bueno, pues buscando un poco ese equilibrio, de generar ese espacio en el que invitamos a la persona que se comunique, pero respetando también que quizás no sea el momento para esa persona, o no quiera hacerlo con nosotros, o en esa situación, o lo que sea. Vamos a escuchar las necesidades de la otra persona y vamos a respetarlas en ese sentido.

Jota: Sí, sí, totalmente, totalmente. Tienes aquí, fíjate en un tema que parece que todos conocemos, que de pildoritas y aprendizajes podemos sacar. No sé si hay algo más que se te ocurra, que podamos contar a nuestros oyentes para identificar o gestionar el enfado que no hayamos dicho ya y sino despedirnos.

Patricia: Bueno, sobre todo eso, el tema de que, de que a las emociones hay que escucharlas y hay que acogerlas, en general, no? Aunque sean emociones desagradables, y oye, podemos entender que las emociones desagradables, pues nadie queremos experimentarlas, no? Pero es que están ahí por algo y precisamente el que sean desagradables es lo que nos debe movilizar a resolverlas, a escucharlas, a atenderlas. Como decíamos antes, las emociones son mensajeras, el enfado es un mensajero que nos está indicando: oye, pon límites, ponte firme ante esta situación. Entonces vamos a tratar, o invito a las personas a que nos escuchemos, a que escuchemos lo que sentimos, porque lo que sentimos va de la mano de lo que necesitamos. Entonces para poder resolver esa necesidad, tengo que atender a lo que me está ocurriendo. O sea que en vez de luchar contra nuestras emociones o de verlas como algo negativo, vamos a tratar de acogerlas y abrazarlas porque son nuestras aliadas y en este caso el enfado es nuestro aliado, ya que nos permite poner límites a los demás y poder generar cambios en el ambiente que me permitan ser la persona que quiero ser o acercarme a las metas que quiero conseguir. Entonces eso, un poco la propuesta que hago es de escucharnos más, de permitirnos más experimentar emociones, de escucharlas y poder atenderlas. Y bueno, en el caso en el que alguna persona que nos esté oyendo crea que esta vivencia emocional en su caso concreto es bastante problemático, que existe un desajuste, o que no sabe bien cómo gestionar las emociones, o el enfado más concretamente, pues bueno, lo que hago es invitar a esa persona a que acuda terapia, porque al final es un trabajo muy bonito y muy sencillo y que puede ayudarnos a aprender mucho acerca de quiénes somos y de cómo nos sentimos.

Jota: Efectivamente. Y nada, que no pasa nada por enfadarse, que nos podemos enfadar todos un poquito.

Patricia: Eso es, vamos a enfadarnos que es necesario a veces. Oye.

Jota: Genial Patricia, pues no puedo nada más que darte las gracias por haber venido otro día más y haber compartido este ratito tan sumamente emocionante con una emoción como el enfado. Así que nada, un saludo y seguimos el próximo día.

Patricia: Perfecto, un abrazo. Hasta luego.
Jota: Chau, chau.