¿Cómo afecta la depresión al sueño?

La privación del sueño es un fenómeno muy común en el mundo, sobre todo por decisión propia, debido a las condiciones de trabajo o de estudio que no favorecen la posibilidad de dormir adecuadamente. La mayoría de las personas que no duermen lo suficiente presentan fatiga y somnolencia diurna.

Sin embargo, las investigaciones demuestran que las consecuencias de la pérdida de sueño van más allá de esto y afectan a muchos trastornos metabólicos crónicos y afecciones psiquiátricas.

¿Qué relación hay entre el sueño y la depresión?

La pérdida de sueño provoca malestar psicológico y depresión. En cambio, es probable que la somnolencia diurna y los problemas de sueño aumenten en aquellos pacientes que padecen depresión, ansiedad, trastorno bipolar y algunas otras afecciones psiquiátricas.

Por lo tanto, existe un debate continuo sobre si el insomnio y la pérdida de sueño son una consecuencia o una causa de la depresión. Ambas son probables, ya que los estudios demuestran que muchas de estas afecciones surgen directamente a causa del insomnio o la alteración del sueño.

Por lo tanto, tratar el trastorno del sueño podría ser de gran ayuda para aliviar el trastorno mental.

El sueño normal

Dormir bien tiene muchas funciones fisiológicas, como ayudar al cerebro a recuperar los niveles de energía, archivar la información necesaria al tiempo que son eliminados los detalles irrelevantes, ayudar a lidiar con los desafíos emocionales y mentales para renovar la mente y las emociones antes de afrontar el siguiente día, y fomentar la positividad y la fuerza mental.

El sueño normalmente ocurre en varias etapas de sueño, que en conjunto ocupan un ciclo de aproximadamente 90 minutos. La duración de cada etapa cambia con la progresión a través de los ciclos durante la noche. Así, el sueño que experimentas en las últimas horas es de una calidad diferente al que ocurre en las primeras horas de sueño.

Durante el sueño profundo, que es la última etapa del sueño sin movimientos oculares rápidos (NREM). Tu cuerpo se enfría, queda flácido y relajado, y muestra una respiración y un ritmo cardíaco lentos. Esto ayuda a producir una sensación de descanso y renovación de fuerzas al despertar. El sistema inmunológico también muestra cambios específicos que son beneficiosos para todo el organismo.

Por el contrario, durante el período REM se producen sueños, pero los músculos están paralizados, lo que da lugar al término «sueño paradójico». La temperatura corporal y otros signos vitales aumentan durante esta etapa.

Es durante este tiempo cuando tiene lugar la consolidación de la memoria y el aprendizaje a largo plazo, y el desarrollo de las reacciones emocionales.

La falta de sueño y la desregulación fisiológica

La falta de sueño adecuado provoca la desregulación de todos estos procesos, lo que provoca la fragilidad de las emociones, los déficits cognitivos y el deterioro de la memoria.

En individuos con riesgo de padecer enfermedades psiquiátricas, estos cambios pueden precipitar estados mentales y emocionales anormales que conducen a neurosis y psicosis. El insomnio o los cambios de sueño resultantes empeoran aún más el estado de la persona, iniciando un círculo vicioso.

El grado de coincidencia entre los pacientes con trastornos psiquiátricos y del sueño ha llevado a una intensa investigación sobre el vínculo entre ambos.

Depresión y trastornos del sueño

Hasta nueve de cada diez pacientes con depresión grave manifiestan sufrir problemas de insomnio. Pero a veces también la denominada apnea obstructiva del sueño, que afecta a una quinta parte de los pacientes.

Los insomnes tienen un riesgo cuatro veces mayor de desarrollar una depresión mayor en un plazo de tres años.

En algunos estudios, se descubrió que en las personas que posteriormente tenían un diagnóstico de depresión, el trastorno del sueño era el síntoma más temprano.

Además, si un paciente deprimido no podía obtener un sueño reparador adecuado. La recuperación en respuesta a la terapia era menos probable que en aquellos que podían dormir mejor, y las recaídas eran más frecuentes. Los pensamientos y acciones suicidas, así como la mortalidad por suicidio, aumentaban en los depresivos con insomnio.

Las alteraciones del sueño, ya sea acortando o alargando el sueño, perjudicaron significativamente la calidad de vida y fueron descritas uniformemente como causantes de gran angustia, lo que puede explicar este hallazgo.

Por otra parte, también resulta que alrededor del 40% de los adultos jóvenes con depresión dormían demasiado, pero este porcentaje baja drásticamente a sólo el 10% en caso de los depresivos de más edad. Las mujeres eran más propensas a tener un sueño prolongado.

Otros hallazgos

La naturaleza del sueño también es afectada, de modo que incluso una duración de sueño largo o normal podía dar lugar a un despertar sin sensación de frescura. También hubo informes de despertares tempranos o de sueño interrumpido con intervalos de vigilia molestos. El tiempo total de sueño se redujo por lo general, y el inicio del sueño sufrió un retraso. El sueño REM fue el que mostró más cambios.

El sueño de ondas lentas solía disminuir, cuando el paciente estaba deprimido, y esto podría estar relacionado con las anomalías del flujo sanguíneo del cíngulo anterior y orbitofrontal observadas en estos pacientes. Esto también podría ser un signo de sueño interrumpido.

Por lo tanto, la aparición de trastornos del sueño no puede tomarse a la ligera, ya que la disminución de la calidad subjetiva del sueño es a menudo el primer signo de la aparición de una depresión recurrente o de nueva aparición.

Además, los trastornos del sueño tienen que ser tratados adecuadamente para eliminar este factor de riesgo de recaída, para optimizar la respuesta a la terapia y para prevenir los impulsos y acciones suicidas. Te recomendamos el siguiente artículo en el que podrás ver Consejos para un sueño saludable.

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Miriam es psicóloga sanitaria con una orientación cognitivo-conductual en la que basa sus terapias.

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