6 señales de que la terapia está funcionando

Así que has dado el salto y has empezado la terapia. Has asistido a unas cuantas sesiones y todo parece ir bien… pero empiezas a preguntarte, ¿qué sigue?

Cuando somos nuevos en la terapia, puede sentirse como si nos moviéramos por un territorio inexplorado. Y muy a menudo lo hacemos. Tal vez estamos empezando a utilizar adecuadamente nuestras emociones por primera vez o nos encontramos compartiendo cosas que nunca antes tuvimos el valor de expresar. O quizás estamos empezando a entendernos mejor a nosotros mismos y a arrojar luz sobre los patrones repetidos y de dónde provienen. Ir dándonos cuenta de avances como estos pueden ser un gran alivio, pero ¿es esto suficiente para señalar que la terapia está funcionando?

El simple hecho es que el progreso lleva tiempo. Por muy bonito que sea agitar una varita mágica y ver cómo nuestros problemas se desvanecen en el aire, si somos nuevos en la terapia, va a llevar un poco de tiempo desentrañar los pensamientos y comportamientos que hemos formado durante toda una vida.

El crecimiento es también raramente lineal. Esto significa que en una sesión podemos sentir que estamos haciendo progresos, sólo para ir a la siguiente y sentir que estamos de nuevo en el punto de partida. Por supuesto, no lo estamos, pero el cambio es un proceso y a veces es necesario retroceder dos pasos para poder avanzar con más fuerza de nuevo.

Debido a esto, es difícil saber cuánto progreso estás haciendo cuando empiezas la terapia. Por eso siempre sugerimos que esperes por lo menos seis sesiones para tener una idea adecuada del tipo de cambios que puede traer a tu vida.

Si es así, hemos recopilado algunas cosas que sugieren que estás en el camino correcto:

1. Empiezas a sentirte mejor

Puede parecer obvio, pero este es uno de los indicadores más importantes de que la terapia está funcionando. Los resultados no ocurren de la noche a la mañana, pero en el transcurso de las sesiones deberías empezar a sentir gradualmente algún tipo de alivio. De hecho, la mayoría de las personas descubren que la terapia rápidamente elimina los síntomas. Si no estás seguro, intenta llevar un diario y apunta tus estados de ánimo durante el transcurso de las sesiones. A veces, la mejora se produce lentamente, lo que puede hacer que sea más difícil de notar.

Una vez más, vale la pena señalar que algunas sesiones, inevitablemente, provocarán emociones difíciles que no te harán sentir tan bien en ese momento, pero que en última instancia nos llevan por el camino de la mejoría. Así que no te preocupes si te encuentras atravesando subidas y bajadas, todo es parte del proceso.

2. Sientes que tu terapeuta te entiende

La terapia tiene la mejor oportunidad de funcionar si tanto tú como tu terapeuta están de acuerdo en lo que queréis lograr. El control en varios puntos del camino ayuda a mantener las cosas en el camino.

También puede haber momentos en los que sientes que estás explorando cosas que no tienen una relevancia inmediata para tus problemas actuales. Es importante tener fe en el terapeuta en estos momentos, ya que generalmente habrá una razón para ello. A veces, algo que consideramos irrelevante puede tener más importancia de la que pensábamos. Esa es una de las ventajas de tener un punto de vista objetivo.

3. No temes tus sesiones (¡quizás incluso las esperas con impaciencia!)

Abrirse a un extraño puede parecer raro al principio. Pero con el tiempo y a medida que la relación con tu terapeuta se desarrolla, esto debería empezar a ser más fácil. Puede que incluso descubras que empiezas a esperar con impaciencia tus sesiones. Después de todo, es un tiempo dedicado cada semana para que hables de ti, y un espacio donde puedes ser completamente tú mismo, con todos tus defectos.

4. Sientes como si te hubieran quitado la venda de los ojos

A medida que comienzas a construir la conciencia de ti mismo, puedes encontrarte con momentos donde las cosas de repente empiezan a tener más sentido. Si te encuentras notando patrones emocionales o de comportamiento cuando suceden – o incluso poco después – es muy buena señal de que la terapia está funcionando. Cuando mejoramos al ser conscientes de algo, tenemos el poder de la próxima vez que suceda poder cambiarlo.

5. Te cuidas más

Si la terapia funciona, deberías empezar a sentir que te estás quitando un peso de encima. Esto no significa que todos tus problemas vayan a desaparecer mágicamente, pero deberías empezar a sentirte más esperanzado y optimista. Y normalmente esto se correlaciona con el deseo de cuidar mejor de nosotros mismos. Ya sea que se trate de baños largos, de pasar tiempo con los amigos, de comer mejor o de sentirte más alegre en general, deberías descubrir que el autocuidado se convierte en una prioridad a medida que dejas de buscar la validación externa.

6. Tal vez las cosas empeoren un poco

Esto puede parecer contrario a la intuición, pero revisar los patrones negativos requiere paciencia. Algunas personas descubren que están progresando sólo para que los viejos patrones resurjan durante el curso de la terapia. No te alarmes si sientes que las cosas se estancan o si encuentras que tus síntomas empeoran temporalmente. Piensa en ello como si estuviera haciendo ejercicio. Cuando haces ejercicio, tus músculos se micro-desgarran para fortalecerse. A veces tenemos que volver a revisar los patrones arraigados varias veces mientras construimos la fuerza para despedirnos de ellos de una vez por todas. Recuerda que a largo plazo siempre valdrá la pena.

Y por último, si tienes alguna duda, no tengas miedo de hacerle la pregunta a tu psicólogo y preguntarle cómo cree que está progresando tu terapia. Recuerda, la terapia es todo acerca de ti, así que nunca debes tener miedo de tomar las riendas. El terapeuta siempre estará abierto a hablar sobre lo que funciona y lo que no, para que puedas asegurarte de que estás en el camino correcto para llegar exactamente a donde necesitas estar.

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